Marido mío que vienes del trabajo, santificados sean mis rasguños. Hágase tu voluntad tanto en el hogar como en mi vida. Yo cocinaré y limpiaré por las noches y por los días. Perdona mis errores y mis cosas ‘’de furcia barata’’ tal y como yo perdono tus líos con la secretaria. No me dejes caer en la tentación de decir lo que no debo ni hablar con las vecinas –sin permiso- y líbrame de toda personalidad, porque tú siempre serás más importante.
Te quiero.
(no es lo normal... pero es un encargo ;).. imitando la estructura del Padrenuestro)
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