16 nov 2009

Delirios que causa el Invierno de Vivaldi

Y sin darme cuenta sigo encerrándome en mi cuarto a escuchar a Vivaldi con la persiana bajada. Me encantaría olvidarlo... Todo lo que es, todo lo que fue... Todo lo que supuso en mi vida. Pero no, me gusta. Este silencio, que se rompe con cada nota, con cada acorde, con cada corchea del violín. Quizás sea cruel conmigo misma. Quizás yo no exista. Quizás solo sea una sombra.
Y sin darme cuenta sigo mirando cada lágrima del cielo. Porque me gusta pensar que tú también lloraste así. Quizás porque la lluvia me recuerde esos días de tiza y avioncitos de papel, esos en los que podría haber sido algo para ti. Sí, quizás te subí en el pedestal más alto de mi alma y por eso ahora no te alcanzo. Quizás si dejase de llover... Sí, seguro, te olvidaría.
Y sin darme cuenta vuelvo a susurrar tu nombre en mis sueños. Es tan difícil... Cada vez que mi mente te conjura vuelvo a repetirme que no existes... Que solo eres un deseo... Que eres irreal...
¿Vale la pena? ¿Vivir sin tener vida? ¿Sobrevivir a base de mentiras y de dobles personalidades? ¿Vale la pena? ¿No ser nada para nadie y seguir amando? ¿No tener nada y seguir viviendo?...
Me refugiaré en esas miradas de odio que transformaré en miradas de pasión, mientras te consumirás entre mis recuerdos lentamente, con miedo, y fingiré no darme cuenta. Porque quiero vivir el tiempo que me queda... Que cuando te vayas... No seré nada.
Y que Vivaldi venga a mi entierro...

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