El plastico de burbujas
siempre acaba siendo nuestro,
y nuestros dedos siempre:
lo tocan,
buscan los limites entre plastico y aire,
lo aprisionan,
buscan diferencias entre pompa y pompa,
las cuentan,
las arañan,
y cuando estan hartas de jugar, pum.
Adios.
Se oye el ultimo grito del kamikace
que un asesino guarda entre los dedos.
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