Camino sin pensar, sin ser consciente de adonde me llevan mis pies. Acabo rodeada por un paisaje desolador en el centro de una ciudad decolorada por la lluvia y la luz de las farolas. Como si formase parte del panorama, como si fuese un edificio, una nube, un cacho de suelo o un charco, como si estuviese incluida en la lluvia.
Sola. Si, lo estoy. No bastan las palabras, aunque me digan que todos me adoran, se que es mentira. En los ojos esta la verdad.
Escucho la misma musica de siempre. Acordes repetitivos me distaen mientras una especie de aura me rodea de oscuridad y silencio, y atrae a fantasmas que me susurran, malos pensamientos que me carcomen, y, extrañamente, mucha calma. Miedo? Quiza un poco. Soledad…
Tiro a la papelera el envoltorio de un caramelo, y se van con el mi autoestima y parte de mi seguridad.
Sigo caminando. Me cruzo con algunas personas, pero ninguna es nadie para mi. Paso al lado de un escaparate de juguetes y, una reaccion inevitable, miro mi reflejo. “Esa soy yo?”
Cierro los ojos y corro.
…Sola… Fea… Acabada.
Me paro. Unas escaleras debajo de un cartel luminoso con una flecha llaman mi atencion. Se adonde llevan. Me recibiran bien. Ahi siempre se esta caliente, y ahora se me estan helando los huesos. No hay vuelta atras. Miro a los lados: nadie a quien pueda importable. Bajo las escaleras y llamo al timbre.
-Busco a Satan, esto es el infierno, no?
-Si. Adelante. Bienvenida.
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