Soy una lavadora
-Martínez-
que centrifuga
calcetines rotos
y penas sucias.
Cada átomo de mi cuerpo cuadrado
mi necesidad de lejía
mi raredad
y mis 14 años en el mercado
se pagan con un alma antigua.
Soy una lavadora
-Martínez-
que tiende
en una máquina de escribir
las palabras mordidas en su labio
al ocaso.
Cada mirada de coleccionista
el: “¿cuándo la renovarás?”
el llamarme antigua
delante de mis botones
la curiosidad que se acaba y no vuelve…
Todo eso…
Equivalente a mi triste quietud en el mundo.
Señora no, señorita
de sangre fría y azul
con alma electrónica
con enchufe: eternamente conectada a tí…
Sí, soy una lavadora vieja y antigua
en la primavera
de su propia existencia.
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