Las mismas notas. Los acordes tremulosos. Los mismos agudos. Los mismos silencios.
Noviembre. Vienes justo cuando más te necesitaba.
¡TÚ!
Y tu chocolate, tus borrascas, tu frío, mi soledad, nuestro silencio…
El cielo se cubre de una neblina inquebrantable de un color tan ceniza como mis sueños. Mucha gente pisa la calle larga y sin salida que abarca toda mi existencia, y yo soy la única que se para. En silencio.
Me basta solo la violencia que descargas en tu violín. Tu vida en mi canción, mi alma en tu virtuosismo.
Un charco de sangre donde me tumbo cada noche a dormir está ahora temblando de frío.
¿Cómo pude recordarte de tal manera que sólo me acordaba de tu nombre? ¿Qué hay del frío, de los sábados con la lluvia en mi ventana, de mis manos heladas, de la vena subreal, de de los ojos que no saben mirar más allá de lo que aparentas, de las mismas notas de siempre?
En este portal de esta calle cada vez más llena de gente no llega el más mínimo esfuerzo de existirme.
¿Cómo no pude recordar esas partituras de violín que, de tu mano, me llevarán lentamente a la tumba?
(me lo ha dictado, con algunos cambios del original, el Invierno de Vivaldi... Noviembre es un tema tan extenso, un mes tan especial para mí, que no basta SOLO 1 entrada... esta es solamente la primera... ;) )
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