Con mis manos sucias,
cuento la distancia
que nos hace estar (oficialmente) separados
y me faltan dedos
(y voz)
para decir con palabras lo lejos que estamos
siempre.
Desde el tejado de mi vida
observo abismos;
(nunca fue tan difícil
ser).
Mi alma tiembla y el invierno aparece:
‘’No podré cruzar
el frío horizonte
tantas veces’’.
Llorando lágrimas
con mil despedidas aún en los dedos
te esperaré,
sentada en mi tejado,
contando estrellas y firmamentos
contando ausencias.
...
La noche te ilumina a ti y a los gatos negros que invaden el mundo.
ResponderEliminarAbrz.