1 jun 2011

Los ojos de agua // segunda parte

No hubo jamás firmamento
       más hondo
que tu pupila;
existía en ella el horizonte,
desdibujado por tus soledades
y tus intentos (desesperados) de sonreír.

Tras pasear por tus pestañas
(rociadas de mañana)
comprendí
los nudos de tu voz,
las grietas de tu pecho;
la mercancía frágil del cuerpo fuerte
que soporta un alma débil.

Las estrellas de tu rostro
brillaban como dos cuencas de noche
y se vertían en el día
como dos tinieblas.

Y en ellos verme.
Verme a mí.
[Poca cosa.]

Yo en tí
en un bello instante de casualidad
 y verso masticable.
Tú lo fuiste todo
¿recuerdas? con tus ojos de agua
y tu risa de goma
y yo no era nada.

...

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